En la tarde del Viernes de Dolores, las puertas de la iglesia del Colegio Diocesano Jesús Nazareno volvieron a abrirse para dar paso a uno de los momentos más especiales y esperados por toda la Familia Nazarena.
La tradicional procesión escolar recorrió las calles del entorno del colegio en un ambiente cargado de emoción, recogimiento y orgullo. Nazarenos, mantillas, músicos y costaleros hicieron posible una estación de fe y convivencia que refleja el profundo vínculo entre nuestro centro, nuestras familias y las tradiciones de Córdoba.
Cada detalle del recorrido fue testimonio del compromiso y la ilusión con la que nuestro alumnado vive esta celebración. El esfuerzo de los costaleros, la solemnidad de los nazarenos y el acompañamiento musical convirtieron la salida procesional en una auténtica expresión de identidad y sentimiento nazareno.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la presencia del Beato Padre Cristóbal, cuya imagen recorrió por primera vez las calles acompañada por el cariño y la admiración de toda la comunidad educativa. Su paso simbolizó el legado de hospitalidad, cercanía y amor que continúa vivo en nuestro colegio y que seguimos transmitiendo cada día a nuestros alumnos.
A lo largo del recorrido, por calles como San Agustín, Pozanco, Custodio o la Plaza de San Rafael, el respeto, el silencio y los aplausos mostraron el cariño de vecinos y familias hacia una tradición que forma parte de la historia y del corazón del colegio.
Desde el Colegio Diocesano Jesús Nazareno queremos agradecer especialmente a todos los alumnos, familias, docentes y colaboradores que han hecho posible esta jornada tan significativa. Gracias por custodiar y transmitir, generación tras generación, una herencia que une fe, educación y familia.





























































